En las primeras 3 décadas del siglo XX los Hispano-Suiza dominaron con frecuencia en los concursos de elegancia y se convirtieron en los coches preferidos por las personalidades de la época. No sólo en elegancia y majestuosidad superaron a otras marcas; incluso, bajo los estándares de velocidad, pocos eran los modelos capaces de enfrentarse con los Hispano-Suiza. Histórica fue la disputa celebrada en 1928 sobre la pista de Indianápolis entre un Hispano-Suiza y un Stutz. Los dos coches, según las reglas de la competición, deberían rodar ininterrumpidamente durante 24 horas. El coche español marchó con asombrosa regularidad y, al final de la prueba, llevaba una ventaja de 1.000 km sobre su rival, víctima de una avería. Constituyó para la Hispano-Suiza un triunfo incondicional que le elevó al rango del “mejor coche del mundo”.
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